Publicado: 9 de Mayo de 2019

Mayo es el mes en el que, tradicionalmente, se celebran las Primeras Comuniones. A lo largo de dos o tres años, los niños asisten a las catequesis de preparación para recibir este sacramento.

La Primera Comunión es uno de los sacramentos de iniciación cristiana, que junto con el Bautismo y la Confirmación, "...ponen los fundamentos de toda la vida cristiana" (Catecismo de la Iglesia católica, §1212).

Este sacramento es el complemento lógico del Bautismo y la Confirmación. Por el Bautismo, los fieles nacen a la vida cristiana y por la Confirmación se les refuerza en la fe. El sacramento de la Eucaristía es el alimento del cristiano, a lo largo de su vida. Con estos tres sacramentos "... (los fieles) reciben... los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad", (Catecismo de la Iglesia católica, §1212, final).

Para esta celebración no existe una liturgia especial. El sacerdote lleva casulla blanca no por razón de las propias celebraciones, sino por el tiempo litúrgico en que tienen lugar, normalmente en Pascua. Dado su carácter festivo, la iglesia se adorna de una forma especial.

Los niños son los protagonistas de la celebración y ocuparán un lugar destacado en el templo. Realizarán las lecturas, cánticos y peticiones. Junto a sus padres renovarán las promesas del Bautismo y serán los primeros en recibir la Comunión.

Para las familias cristianas, el que sus hijos reciban este sacramento es un momento de especial fiesta y alegría. Ellas, al igual que sus hijos, se han preparado durante mucho tiempo para este importante momento. Han sacrificado una parte importante de su tiempo para profundizar en el conocimiento de la palabra de Dios y en la auténtica dimensión de este sacramento.

Es normal que, concluida la ceremonia, las familias quieran celebrar este acontecimiento de una forma especial. Sin embargo, lo que ya no parece tan normal es la importancia que se le está dando en los últimos tiempos a esta fiesta que se ha convertido en una auténtica reunión social y que se llega a situar por encima de la ceremonia religiosa.

Los excesos, la dedicación y festejo que se han creado en los últimos años con las Primeras Comuniones fueron satirizados por una chirigota en Cádiz, a finales de los ochenta. "El crimen del mes de mayo" destacaba la preocupación excesiva que se da a los aspectos externos olvidando la razón de ser de la celebración.

Regalos, vestidos, salones de celebraciones e invitados se convierten casi en el centro de la celebración. Al actuar así, y sin pretenderlo, se "estropea" la labor altruista de los catequistas, que se han afanado por transmitir a nuestros hijos el verdadero sentido y valor del Sacramento que van a recibir.


¿Existe un protocolo social para esta celebración?, ¿cómo debe ser una Primera Comunión?

De entrada, ya hemos comentado que se trata de una fiesta eminentemente familiar, con todo lo que ello implica. Tradicionalmente, se celebraba con el típico desayuno con chocolate. Sin embargo, por los retrasos en los horarios de celebración, se ha empezado a festejar con una comida o una pequeña fiesta infantil.

El uso y la costumbre recomiendan que la fiesta cuente con una tarta. El motivo por el que se hace esto es para que los niños se sientan protagonistas, a la hora de partirla. Desde hace unos años, y en algunos círculos sociales, se celebra una comida familiar seguida por una fiesta infantil.

Es importante que, en todas estas celebraciones, predomine la sencillez. No es necesario que el lugar de reunión sea un restaurante o local ajeno al domicilio. Al tratarse de un encuentro familiar, se puede celebrar en casa, y se puede preparar algún arreglo en la decoración o en la mesa alusiva, al acontecimiento. Hay que considerarlo como un momento de encuentro con los niños para felicitarles y hacerles entrega de un regalo, al que corresponderán con el típico recordatorio. No es necesario que se devuelva un regalo a los invitados como se ha hecho, en algunas ocasiones.

A todos nos gusta tener regalos que nos recuerden momentos especiales. Uno de estos es la Primera Comunión. Los pequeños, como es natural, no son la excepción, y los reciben con gran ilusión.

¿Cómo debe ser el regalo? María del Pino Fuentes de Armas lo define muy bien al decir "...es un embajador, representa a quien lo hace y, por ello, debe ser elegido con sumo cuidado para no transmitir un mensaje equivocado". Por este motivo, es importante que pensemos a quién se regala y con qué motivo. Esto significa que el regalo sea sencillo y de un coste relativo. En la medida de lo posible, puede ser interesante que sea intemporal; es decir, que incluso pueda ser usado por el niño en la edad adulta.

Por lo que respecta a los padres, y hasta el inicio de la actual crisis, se puso de moda regalar un viaje a parques de atracciones temáticos, incluso al extranjero. Evidentemente, esto es un exceso y nada tiene que ver con el sentido religioso del Sacramento recibido.

Por último, se ha de cuidar su presentación. Esto lo saben muy bien las tiendas y cualquier comercial un poco despierto preguntará el motivo por el que se regala para envolverlo, de un modo u otro.

En cuanto al vestido, existe una gran variedad para niños y niñas. En este sentido, basta con recordar la máxima de que en asuntos del vestir y la elegancia "menos es más". Y esto es válido no sólo para los niños sino también para los familiares, que asisten a la ceremonia.

La Primera Comunión es uno de los sacramentos de iniciación cristiana. Es importante que esto se recuerde a la hora de celebrar un momento tan importante en la vida de los niños cristianos. El recurrir a excesos puede desvirtuar el sentido de la celebración. Por eso, es importante que aquélla se mueva en el mismo contexto de la ceremonia, de modo que sea su prolongación natural. Los excesos no son siempre buenos y recordemos con Quevedo que, aquéllos, "son el veneno de la razón".


Francisco Javier Ripoll Feliu

Experto en Protocolo y Ceremonial // Bedding Planner

www.protocolo.org